Nací en Kiffa en 1961, en Mauritania. Mi país descubría entonces la independencia, concedida por Francia el año anterior en el marco de una transición pacífica. Aunque a veces he vivido lejos de mi tierra natal —hoy principalmente en París—, esta tierra mágica me habita cada día.
En la primavera de 2007 me alegré, como todos mis compatriotas, de nuestra primera elección presidencial verdaderamente democrática. En muchos aspectos, este pequeño país tranquilo, que rara vez da que hablar, destaca hoy por su sociedad civil, en marcha hacia la paz y la reconciliación nacional: un ejemplo para todo el continente africano. Desde hace décadas, Mauritania acoge con fervor y profesionalidad a los competidores del rally Dakar.
Este año, el asesinato el 24 de diciembre de cuatro ciudadanos franceses —un hecho sin precedentes en este país—, seguido de un atentado mortal contra tres soldados, primero conmocionó y traumatizó a una población conocida por su carácter pacífico. Estos dos ataques criminales aislados llevaron a la cancelación de la edición 2008 del rally Dakar.
Desde hace unos días oigo, aquí y allá, sin voz que responda, que ya no hay que ir a Mauritania, que es peligroso.
Le invito a Mauritania.
Le invito porque este país lleva siglos conduciendo una singular «política de civilización», como la que reclamaba recientemente para su propio país el presidente de la República francesa. Esta mezcla de culturas mora, árabo-bereber y negroafricana, este mestizaje étnico, esta tierra de intercambios fecundos son, en muchos aspectos y a pesar del subdesarrollo, garantías de civilización. Le invito a Mauritania porque aquí, como en ningún otro lugar, una cultura nómada forjó una cultura erudita.
Le invito a conocer a nuestros sabios, nuestros griots, nuestros músicos; a conocer este país que cuenta con cuatro ciudades declaradas por la Unesco Patrimonio Mundial de la Humanidad, este país del que se dice que es el país del millón de poetas. Le invito a visitar nuestras universidades y nuestras bibliotecas del desierto. Le invito a Mauritania porque la cancelación de una competición deportiva no debe borrar los esfuerzos de un país por construir su imagen en la región y en el mundo y por hacer vivir su identidad de naciones múltiples, ni sobre todo animar a los terroristas a seguir dándonos miedo.
Le invito a venir a Mauritania como nosotros seguimos yendo, más comprometidos que nunca, a Madrid, a Londres, a Nueva York tras atentados mucho más mortíferos. ¿Quién habría renunciado, por otra parte, a visitar esos grandes países de Europa o los Estados Unidos? La verdadera lucha contra el terrorismo es eso: esa solidaridad sin fisuras. Nos corresponde a nosotros, con nuestra determinación, dar miedo a los bárbaros. Le invito a Mauritania, mujeres y hombres de conciencia, para no dejar su lugar a quienes injurian nuestra larga y antigua civilización.
Abderrahmane Sissako, cineasta mauritano, autor de la película Bamako — Quotidien, miércoles 9 de enero de 2008