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Así soy yo...

Poema de Mohamed Fall Attalba

¡Amigo! Detente… y mira, hacia la sebja de en Nîsh Si ves camellos (montados) detente… y explora el horizonte: tienes mejores ojos que yo; mira ¿No ves pasar los palanquines de Su'da? ¿No ves camellos (montados) que partieron al alba de las dunas de Al Mawj, dirigiéndose hacia Azzivâl, atravesando el paso de Zali; llevan bellezas cuya coquetería y astucia son temibles. Apresurémonos ahora: hay que alcanzar los palanquines antes de que la caravana haya llegado a las difíciles dunas blandas

Él dijo: «No está, entre los palanquines de cabeza, el de Su'da… además, entregarse a las pasiones, a los pecados, es una locura para un anciano…!» Yo repliqué: «Los palanquines han desatado, hoy, una pena indiferente a la edad, a los cabellos blancos. Si tu vista no te ha engañado, debemos esperar a los últimos palanquines Detén pues tu camella y espera conmigo, o si no déjame solo y vete, habiendo traicionado toda amistad. Tengo, en esos palanquines —si supieras— una pena que el tiempo no sabría calmar: mi Su'da está en los palanquines, y Su'da es mi mal y el único remedio a mi pena. ¡Oh, amigos míos! ¡Cómo supo mostrarse débil, frágil, vulnerable! Y sin embargo fui yo a quien mató así, sin preocuparse de mi pérdida!

Ella estaba en un campamento que se desplazaba hacia los pastos de Alkarb después de los de las dunas, entre sus compañeras, bellezas (de las tribus) de 'Abnâ'Mûsâ, al A'Mam y al Akhwâl, (Mujeres) de talles flexibles, de frentes pudorosas, bellas como las gacelas del desierto Castas, adoradas… ¡Ah! los bellos adornos de un hermoso campamento… El de los Ya'qûba*, los más nobles de los hombres, aquellos cuyo valor se revela en los momentos difíciles.

Oh Ya'qûba, lanzaos a la conquista de las cumbres, estad siempre dispuestos a afrontar todos los embates del destino Que vuestro lema sea el amor a la verdad, la paciencia y la sobriedad, y la integridad vuestra principal riqueza. Sed prontos a sostener el Bien y a combatir el Mal, elevándoos así a las más altas virtudes No os pavoneéis con orgullo: solo así se asciende hacia la gloria. Las cumbres más inaccesibles solo se alcanzan al precio de los esfuerzos más duros. Desterrad la avaricia, la debilidad, la bajeza… todas cualidades de gente de poco valor.

Mis viejas heridas de amor se reabrieron a la vista de un campamento en marcha con sus baldaquines, en 'Inâl, Palanquines cuyas siluetas, al desaparecer a lo lejos, evocaban las altas cimas de las palmeras de Kenawal. Llevaban blandamente a sus bellas ocupantes a través de Marawra, la pequeña colina de Tairalâl, Dejando a su derecha Timezgîn, por la mañana, y a su izquierda Techlâ Así pasaron sin detenerse ante at-Tu'âm, llevadas por el paso rápido de sus hermosos camellos, Luego hacia donde los pastos de Tîras se vuelven —aunque con dificultad— accesibles Si las vieras (esas bellezas) comprenderías que el sabio subyugado por sus encantos no puede ser objeto de reproche.

Recuerdo un tiempo en que las mujeres no desdeñaban mis homenajes Las veo ahora, apartarse cuando notan cabellos blancos en mis sienes. Si me ves hoy —Oh 'Umaîma— cansado, debilitado, gastado, Hubo, sin embargo, un tiempo en que yo era, en las grandes pruebas, la Esperanza, cuando los débiles perdían la sangre fría; Hubo un tiempo en que yo era, en las asambleas, un árbitro, cuando la sobria reserva de los sabios se veía realzada por las divagaciones de los necios.

Cuántas veces hice afrontar a orgullosos compañeros el soplo terrorífico del Simún. Caminaron sin parar casi toda la noche, luego se detuvieron al pie de pequeñas colinas. El sueño parecía haberlos embriagado, como un vino fresco que ablanda todas las articulaciones (yacían) en medio de sus monturas, que la fatiga volvía inertes… Velé para custodiarlos, y les serví hasta saciarse un méchoui preparado con esmero. Luego los desperté de nuevo, tras haberles permitido recuperar fuerzas. (Así soy yo: cuando mis compañeros están agotados, los sirvo sin flaqueza)

Se levantaron sobresaltados, este vistiéndose a toda prisa, aquel aún agachado, otro de pie, todavía aturdido. Se levantaron… y vieron despuntar un día bajo un sol «tuerto» implacable Se miraron diciéndose: «¿dónde está la salvación? ¿Adónde ir?» y sus corazones se llenaron de espanto. Dije: «No temáis, soy capaz de guiaros hasta el agua más pura, la más refrescante.» Partieron al paso de sus monturas, hermosas camellas de gran alzada, veloces como avestruces. Los conduje, antes del alba (del día siguiente), a un viejo pozo tan difícil de encontrar que desafía a los guías más experimentados Bebieron a placer, y quienes estaban tristes recobraron la alegría. Fue la abundancia, tras severas privaciones; fue la distensión; unos cantaban y bromeaban alegremente Otros prodigaban cuidados a sus monturas… atendían a las que cojeaban…

El destino es un eterno cambio: no os inquietéis por estos momentos difíciles Tampoco triunféis si, un día, todos vuestros deseos de éxito y de felicidad se cumplen: ¡Cuántos de aquellos a quienes la suerte sonríe estaban, apenas ayer, en la necesidad! ¡Y cuántos lo han perdido todo tras haberlo poseído todo!

* O 'Idayqub: tribu de letrados y grandes nómadas… a la que pertenece el autor y de la que cita más arriba tres de las principales fracciones (la tribu se subdivide en fracciones y luego en familias): La 'mâm, La Hwâl y Alvgha Mûsa.

Un poco de poesía