Texto: extractos de «Le henné, art des femmes de Mauritanie», Aline Tauzin, Ibis Presse
El henna es uno de los árboles que crecen en el paraíso; así se le considera en todo el mundo musulmán. En Mauritania se añade que creció primero para la hija del Profeta, y que ella fue la primera mujer en hacer de su tinte rojo un adorno.
En Mauritania —por lo que respecta a la etnia mora—, el henna se cultiva en los palmerales, donde se beneficia de la sombra de los árboles y de un riego diario. Puede plantarse cerca del pozo, para recoger así la menor gota de agua escapada del cubo. La plantación es cosa de hombres y la cosecha, de mujeres. Contrariamente a lo que parece practicarse en otros lugares, no se siembra la semilla, sino que se acoda la planta disponiendo una rama en círculo, en un hoyo ancho y poco profundo. Aquí las semillas de henna tienen fama de pudrirse en la tierra.
El henna se cosecha en cualquier momento, cuando ha llegado a la madurez. No se corta: se deshoja deslizando el índice curvado, envuelto en un trapo que lo protege de cualquier corte, a lo largo de la rama. Luego se seca, al abrigo del viento, a la sombra de una vivienda. Si permaneciera al sol, perdería toda su fuerza. Con las ramas del árbol se hacen mondadientes muy apreciados, que dan buen aliento.
La plantación de henna es, en Mauritania, un espacio marcado por una fuerte intensidad poética. En primer lugar, la facultad que tiene la planta de resistir a la sequía, por severa que sea, y de reverdecer con la primera lluvia, adquiere un sentido particular cuando se la relaciona con el desierto circundante. Se dice también que el olor que desprende, al que se atribuye el calificativo valorado de «frío», es muy agradable. Por último, el palmeral es un espacio público, abierto a todos, en el que los encuentros amorosos pueden parecer fruto del azar, y allí se desarrollan sin incurrir en oprobio. La cosecha del henna es una ocasión privilegiada para ello, de la que la poesía se hace eco a menudo.
El henna como adorno
Los motivos más recientes, y los más elaborados, se dibujan con la ayuda de esparadrapo y se designan con el término genérico el-xatt, «los trazos». La técnica de reserva utilizada actualmente hace un gran uso del esparadrapo y, en esto, parece única en el mundo. Nació en una época en que este producto todavía era raro en Mauritania, y sin que se conozcan las circunstancias exactas de su aparición. Entonces solo los hospitales poseían esos preciosos rollos, y no consentían en desprenderse de ellos más que con reticencia, a pesar de las estrategias desplegadas por las mujeres para conseguirlos.
Cada rollo se corta previamente en finas tiras, y es bajo esta forma como se encuentra en los puestos de los mercados, junto a los demás ingredientes necesarios, los perfumes y las perlas. Luego la tira se recorta en minúsculos segmentos, directamente sobre la piel, con ayuda de una cuchilla de afeitar, durante la sesión de aplicación del henna. Los motivos se dibujan sin ayuda de ningún soporte ni de ninguna guía auxiliar, y sin embargo la simetría es perfecta, de una mano o de un pie a otro. Una vez terminado este trabajo —que requiere varias horas—, se extiende el henna, y el esparadrapo actúa como reserva, tal como antaño lo hacían los trapos o la leche de euforbio.